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Desde ya hace tiempo, es habitual encontrar en las estanterías y los lineales de las tiendas de alimentación, productos de culturas gastronómicas que nos son ajenas, a la vez que, casi sin darnos cuenta, hemos incorporado todo tipo de recetas de países próximos y lejanos a nuestro menú habitual y ya forman parte de nuestras comidas diarias. A pesar de esto, lo que quizás no es tan habitual, es que acompañemos estas recetas con vinos autóctonos de esos países. Será, quizás, porque somos tierra de vinos y ceder el lugar a un vino extranjero, nos cuesta...

Ahora bien, al margen de las bondades de nuestros vinos, que nadie se las discute, es también cierto que cualquier maridaje resulta siempre mejor con los productos de la zona de donde proviene el vino en cuestión. Echemos un vistazo a los vinos de los cuatro países que acompañan al nuestro en lo alto del ranking de productores mundiales de vino, para ver todas las posibilidades que nos ofrecen.

Vinos de Italia: Este es el país que trabaja con más variedades de uva del mundo. Algunas de las más típicas son la Sangiovese de la Toscana, origen de los conocidos vinos de Chianti y Brunello di Montalcino; y la Nebbiolo del Piamonte, la uva con la que se elaboran vinos como el Barolo o lo Barbaresco. Los espumosos italianos maridan bien con los aperitivos; para el pescado, por ejemplo, una buena elección son los Pinot Grigio del Friuli; mientras que para las pastas, platos de ave y platos con salsa de tomate, una buena opción son los Chianti.

Vinos de Francia: La diversidad geográfica y climática francesa favorece la producción de todo tipo de vinos en este país, desde negros sedosos con aromas únicos a blancos ligeros y muy especiales. Algunos de los grandes vinos mundiales llevan nombre francés, como lo Beaujolais, Burdeos, Borgoña o Medoc. Un vino dulce del Loira, un Chardonnay o un Pinot Noir maridan perfectamente bien con un buen foie gras; lo mismo pasa con el Chardonnay de Borgoña y los platos de aves; el Sauvignon blanco del Loira con el pescado o un plato de moules frites, típico del norte del país; o con el Burdeos y los platos de carnes rojas como el Boeuf Bourgignon.

Vinos de EE. UU.: En este país se elaboran vinos en 40 de sus 50 estados, lo que favorece una gama de producto muy variada, aunque los Cabernet Sauvignon, los Chardonnay, Zinfande y Pinot Noir californianos son los más conocidos. Desde los más frescos a los más potentes, se trata de vinos afrutados y con una graduación alcohólica alta. Los negros y rosados son ideales para carnes y los blancos para acompañar quesos y pastas.

Vinos de Australia: Este es uno de los grandes productores mundiales de vino pero también uno de los orígenes más desconocidos en nuestro país. El vino se produce prácticamente en todo el territorio nacional australiano, aunque es en la región del Sur donde se concentra el número más grande de viñas y la producción de vinos de mayor calidad. Los del Valle Barosa son los más conocidos, especialmente los Shiraz, unos vinos muy apropiados para acompañar, por ejemplo, platos de carnes, como el emú o el canguro. También son muy apreciados los Riesling del Valle Claire, ideales para maridar con verduras a la brasa y quesos frescos y los Cabernet Sauvignon de la zona conocida como Coonawarra, para acompañar cualquier preparación de pescado, como unos buenos filetes de pesacado de San Pedro o John Dory.

Por Felipe Martínez, primer sumiller El Rincón del Faro


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