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LOS CHIPS “CRIANZA EN BARRICA SIN BARRICA”
Hola queridos lectores, este mes voy a tratar un tema que me preocupa tanto a mí como a muchos enólogos, bodegueros, sumilleres  y como no consumidores, etc.

Fue uno de los temas que trate en mi última cata que se realizo en el restaurante rincón del  faro  y que creo tanta sorpresa entre los asistentes.Los “chips” o virutas de madera  son trozos o fragmentos de madera de roble, existiendo también otras versiones, como polvo,  aserrín de roble o tablas de madera para el interior de depósitos, etc. Estas elaboraciones fraudulentas que ciertas bodegas menos serias que han llevado a cabo durante años en ciertos países de Europa, y que no están permitidas en la comunidad europea, hace años que en los vinos del nuevo mundo como son Nueva Zelanda, Chile, Australia, etc, que  si están permitidas para abaratar los costes de las barricas y ser mas competitivos en el mercado internacional. No se si a la larga será un método que les beneficie, lo que si que tengo claro es que de momento las ventas de estos países están ganando terreno año tras año a los de la comunidad europea, tal vez por sus precios tan competitivos y con unos vinos sin grandes cualidades pero sin defectos y atractivos para el consumidor mas comercial. Ya que los consumidores más sibaritas, críticos profesionales o expertos no son muy devotos de estos vinos.

Desde mi prisma y experiencia , yo estaría a favor únicamente de esta practica enologica  si fuera para que el consumidor final percibiera ese coste menor que existe en este tipo de elaboraciones y que los vinos tratados con chips tuvieran un coste bastante inferior  que son tratados con barricas de roble. Y que además estuvieran siempre indicados en las etiquetas de las botellas para no confundir a los consumidores, y no poner a todas las bodegas   en el mismo saco. Si únicamente sirve para que las bodegas ganen mas dinero prefiero que siga siendo una practica prohibida.

 

 

Por que, no es lo mismo  la crianza en barricas  que la crianza con “chips”

 

Durante la crianza de los vinos en barrica, no solamente se produce una cesión de los compuestos aromáticos  que contiene la madera de roble, que incluso nosotros podríamos calificar como un efecto secundario, pero que de forma prioritaria se producen los siguientes fenómenos, que hacen evolucionar al vino de forma positiva, y que la adición de los “chips” por sí sola no pueden realizar. Las barricas estabilizan el color del vino hacia un tono rojo picota, suaviza la aspereza de los taninos y comunica una sensación de volumen  en el paso de boca. Fusionan los aromas cedidos por la madera de roble de la barrica y los varietales del vino. Estabiliza de forma natural el vino frente a posibles precipitaciones posteriores en la botella. También podríamos citar los beneficios para la salud del tanino de la barrica, en contra partida de los “ chips”, que  no se sabe si tiene beneficios para nuestra salud.

 

Detectar los “chips”

 

Yo, bajo mi experiencia como catador tengo que decir que de momento no detecto de forma fácil  los vinos que han empleado “chips”, pero voy a indicar algunas pautas que nos pueden ayudar a detectarlos.

La verdad que es que no hay ningún sistema determinante para establecer claramente el empleo de fragmentos de roble en lugar del envejecimiento en barricas. Ni siquiera por medio de análisis químico. La ausencia de algunos aromas, como los de coco, y ciertos rasgos del paso de boca pueden hacer sospechar. Cualquiera de ellos podría aparecer en un vino decente, pero la sucesión de más de uno de ellos puede ser indicativa de los “chips”.

En la nariz los vinos que han sido tratados con “chips” aparecen mal engarzados, con los eventuales aromas frutales por un lado y la madera por otro en un conjunto que puede resultar agradable pero al que falta complejidad. Además suelen aparecer recuerdos de astillas, de madera fresca.

Los rasgos de boca pueden ser más fiables. Los vinos “criados” con “chips” suelen ser ligeros, sin gran consistencia dominados por los rasgos de madera, con un paso de boca basto, secante (parece dejar la lengua y el paladar sin saliva) y tienen una salida amarga y pastosa, carente de la sensación refrescante de un tanino de calidad. Son, además, vinos de consumo a corto plazo, que se desequilibran con el paso de un plazo relativamente corto por no haber experimentado la estabilización que proporciona la crianza  en barricas (que no es otra cosa que un proceso de estabilización, pensado para alargar la vida del vino y no para transmitir sensaciones de madera) y pierden incluso su rasgo distintivo: los poco firmes aromas de roble. Por eso si alguna vez saben que pueden tener uno de estos vinos en sus bodegas  no los guarde mas tiempo como si tuviera una joya y vaya a mejorar con el paso del tiempo, cojalo y, quede con algún amigo y bébaselo cuando antes. Desde aquí un saludo a todos mis lectores.

 

 

 

 

 


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